Basada en la Parábola de los Talentos (Mt 25:14-18)
14 El reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. 15 A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida, 16 el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. 17 De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, 18 pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.
INTRODUCCIÓN
Podemos pensar que la vida es muy corta, e incluso incierta, no sabemos a ciencia cierta que nos pasará el día de mañana, es por eso que el tiempo nuestro en la tierra debe ser de calidad y debemos administrar con responsabilidad los dones que Dios nos ha entregado. El Evangelio narra sobre un hombre, que al irse de viaje llamó a sus empleados y les dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata; a otro, dos; a otro uno; a cada cual según su capacidad. Luego se marchó.
SOMOS ADMINISTRADORES, NO DUEÑOS
El significado de la parábola es el siguiente: los siervos somos nosotros. Los talentos son las condiciones con que Dios nos ha dotado. El tiempo que dura el viaje del amo es la vida. El regreso inesperado, la muerte. La rendición de cuentas, el juicio. Entrar en el banquete, el Cielo.
Nosotros, por lo tanto, no somos dueños, sino administradores de unos bienes de los que hemos de dar cuenta. Dios nos dio un cuerpo, y sus sentidos, y un alma con sus potencias. Y debemos examinarnos si realmente hacemos el bien con los talentos recibidos. Cómo usamos los bienes materiales, la capacidad de trabajo, la relación con los demás y la misma amistad.
NO VALEN EXCUSAS
El que había recibido un talento, cavó bajo tierra y lo escondió. Y cuando el Señor le pidió cuentas, el empleado aquel, no sólo intenta excusarse sino que arremete contra quien le ha dado lo que posee. (revisar: Mt. 25:24-25)
Empleado negligente y holgazán, le llama el dueño al escuchar las excusas que inventa para demostrar por qué no hizo nada. Y así es porque este hombre ha olvidado una verdad esencial: que “el hombre ha sido creado para conocer, amar y servir a Dios en esta vida, y después verle y gozarle en la otra”.
AL MALO Y PEREZOSO LE FALTÓ AMOR: Este empleado no trabajó realmente para su jefe, por falto de amor. Lo contrario de la pereza es precisamente la diligencia, palabra que tiene su origen en el verbo latino diligere, que significa amar, elegir.
El amor da alas para servir. En cambio, la pereza, que es fruto del desamor, lleva consigo un gran desafecto. Y por eso, el Señor condena, en esta parábola, a los que desarrollan los dones que Él mismo les dio, y también a aquellos que los emplean en su propio interés, en vez de utilizarlos para el servicio de la causa de Dios y de sus hermanos los demás humanos.
La mayordomía y el ser administradores responsables, va de la mano con el amor que le pongamos a nuestro trabajo, pues el ser mayordomo de una u otra forma representa sacrifico y este sacrifico debe ser asumido con amor, pues de esta manera estamos siguiendo los pasos de Jesús, que es el de amar y servir. Les Invito a sentirse, administradores y no dueños, pidiendo a nuestro padre Dios Amado, la sabiduría necesaria para discernir entre lo justo y lo injusto.